Ayer vi La La Land y odie el maldito final y cuando veía lo que podría haber sido, mi corazón se retorcía.
Después cuando quise explicar porque había odiado tanto el final, me di cuenta de que era porque me sentí muy identificado con esa renuncia.
Esa sensación agridulce, esa risa de satisfacción y a la vez de nostalgia de los personajes cuando se miran al final, es una sensación que he vivido muchas veces.
Todas las veces en que he preferido mis metas, mis sueños por sobre una relación o posibilidad de relación y creo que por eso me retorció tanto todo lo que podría haber sido.
Han sido muchas veces en que he preferido no hacer nada, porque estoy en otra cosa, porque estoy en algún proceso importante para mí, porque estoy haciendo algún cambio en mi vida o preparándome para algo, porque siento que no voy a tener el tiempo, etc.
Algunas renuncias me han dolido más que otras, pero creo que en todas he imaginado lo que podría haber sido.
Ahora lo que descubrí con esa película es que efectivamente soy un soñador y normalmente voy a preferir mis sueños al amor.
De hecho, justo estaba escribiendo algo, una especie de carta abierta, jajaja, respecto de cómo me gustaría abordar las posibles relaciones que pudiese tener en adelante, considerando que ya establecí un plan de largo plazo para mis sueños.
Y ese pensamiento tiene que ver con esa renuncia que presenta la película, es como, Sí. Puedo permitirme experimentar el amor, pero siempre y cuando no me saque de mi camino.
Fue increíble ese reflejo que sentí, que me permitió descubrir o en realidad quizás aceptar que soy un soñador y que esos sueños son demasiado trascendentes para mí.
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